Hoy vuelvo a escribirte.
Odio hacerlo. Odio recurrir a tu recuerdo para arrancar de mí unas cuantas palabras que apenas se sostienen, como si con ellas pudiera construir algo que ya no existe. Odio revivir un pasado que no puedo cambiar. Odio pensar en lo que pudiste haber sido, en lo que pudimos haber sido, porque es un misterio al que nunca tendré respuesta.
Cuando algo termina… simplemente termina. Lo sé. No hay nada que yo pueda hacer para rescatar la esencia que se va desvaneciendo. Y, sin embargo, aquí estoy, buscándote entre líneas, entre imágenes, entre vacíos.
A veces siento que camino por un desierto infinito. Llego al borde del cielo y del infierno al mismo tiempo, y aun allí no logro recordar el nombre exacto de lo que fuimos. Me ahogo en sentimientos eternos; un mar de posibilidades se abre ante mí, pero solo encuentro sensaciones que me desgarran por dentro.
A pesar de todo esto, hay algo extraño que me mantiene atado a ti. Sigo amando ese sentimiento raro de poder estar contigo sin tenerte. Estoy fuera de tu vida, y aun así permanezco muy dentro de ella, como una sombra obstinada.
Tú eres un espíritu libre. Yo, en cambio, soy un alma encerrada en una jaula con barrotes de lujos, mirando desde las alturas de mi propio infierno a todos aquellos que alguna vez juraron amor eterno. Me río de su desdicha, pero también admiro la perseverancia de quienes, aun cuando el amor y la soledad los devoran vivos, siguen allí, luchando.
A veces me sorprendo vagando entre la ironía, aferrándome a la vida mientras el amor le otorga un sentido artificial a todo lo que me rodea. Haberte encontrado fue lo más hermoso que he experimentado. Nada importará si del olvido no escapas. Al final, solo queda recordar la esencia de la persona.
Me descubro rasgando paredes, buscando recuerdos entre fotografías, intentando reconstruir algo sólido dentro de este infierno desigual. Las emociones son terremotos que me obligan a intentar edificar una vida que no se tambalee entre el odio y la miseria.
Si tan solo me dejaras verte a través de la esencia de tu alma… me bastaría una mirada para descifrar tus misterios. Sé que dentro de ti hay un significado escondido, y en el fondo de mi abismo ese sentido agoniza, pidiéndome que no lo deje morir.
No es fácil vivir en el borde. Me asfixio entre tus recuerdos, me debato entre mi orgullo y este miedo asesino que devora toda esperanza. Y aun así, vuelvo a ti. Siempre vuelvo a ti, cayendo una vez más en la misma ruta de siempre.
Nunca te mentí. Solo creía en una cosa: en esa mirada tuya.
Me pregunto por qué te di mis alas.
Sos un ángel caído, y aun así te dejé pasar al abismo de mi soledad. ¿Para qué? Para que me hicieras caer contigo. Confié ciegamente en tu mirada; confié sin dejar de confiar que eras luz y no oscuridad. Me equivoqué.
Al carajo con el amor. Yo te lo di todo y tú nunca me diste nada. Me trataste como un juguete al que le pones y le quitas las baterías cuando te conviene. Fui tu muñeco de trapo, tu consuelo en los días de cansancio, y terminé en el rincón del olvido, como uno más de tus recuerdos.
Me duele saber lo que nunca quise saber: que para ti no fui más que un objeto manipulable, moldeable. Me duele saber lo que mi cuerpo no quiere reconocer: que en mis pensamientos te aborrezco, pero en mi espíritu sigo rogando por ti. Me duele saber cuánto tiempo desperdicié creyendo en dulzura y compasión en la arrogancia de tu ser. Me duele saber lo que todos veían y yo nunca quise ver: que lastimas con tu ignorancia. Me duele saber por qué te amé.
Cuándo fue, cómo pasó, por qué sucedió… Por qué a mí.
De un momento a otro todo se rompió.
Tú me veías como un amigo.
Yo te veía como algo más.
Te abrí las puertas de mi corazón. ¿Para qué?
Al final solo te llevaste parte de mi tiempo.
Te odio por hacerme sentir algo que se supone que no debería sentir. Tomaste mi corazón y lo rompiste en mil pedazos. ¿Qué tan fácil es olvidar cuando estás podrido por dentro? ¿Qué tan difícil fue para ti mandarme al demonio cuando no había nada dentro de ti?
Dentro de tus ojos de obsidiana habitan las cenizas de un polvo que embarga los ayeres del futuro. Perdimos el tiempo. Perdimos la vida. ¿Qué tan sencillo fue cambiarme por un trozo de nada? ¿Qué tan complejo fue matarme, ahogarme, sepultarme en el interior de tu cuerpo?
En el reflejo de tus perlas relucientes habitan las mentiras que te cargas. En el reflejo de tu esencia habita un vacío hacia la nada.
Y aquí estoy yo, intentando escribir, intentando entender. En este diario dejo pedazos de mí, como quien deja migas para volver a casa. Pero no hay casa a la que volver. Solo queda este abismo que compartimos, y el eco de tu nombre, que ya casi no reconozco.
0 Comentarios