Magia de la noche

 

De las noches brillantes

Por ahí escuché de la magia
de las noches en soledad,
cuando la luna sale a bailar
y las estrellas comienzan a cantar,
y los entes de las sombras
se dejan ver para platicar.

Media noche: algunos ya están dormidos,
empezando su travesía en el país de los sueños,
mientras se pierden del espectáculo de la oscuridad.
Un silencio inmutable,
“guarda silencio”, me dicen las sombras,
y que aún no cierre los ojos:
este show está por comenzar.

Una de la mañana:
aún no tengo noticias de mi hermana.
Fue tragada por los monstruos del sueño,
a pesar de que antes de dormir
me dan medicamentos, pastillas del silencio creativo;
si no, las sombras oscuras,
los demonios externos, se verían tentados a llevarse mi alma.
Es como jugar a la ruleta rusa.

Dos de la mañana:
ella duerme plácidamente
en su alcoba solitaria, su solitaria alcoba,
mientras escucha a sus vecinos gritar.
Después de pasar medio día en la escuela —¡perdón!—
se envuelve en su mundo digital,
entra en el paraíso artificial.

Y cuando no duerme por las noches,
busca calmar sus demonios,
alimentándose con la lujuria,
tomando almas perdidas en duermevela,
chupándoles las ganas de vivir
y tal vez algo más que
no puedo mencionar.

Si dejar de sonar como un caballero,
escapo de sus garras y abrazo mi soledad,
escapo de sus ilusiones y abrazo mi conciencia.
Quiso jugar en las sombras
y terminó siendo consumida
en el fuego oscuro del océano.

—Latidos de Medianoche

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